viernes, 8 de abril de 2011

Dedicado a ti



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Son las 11 de la mañana y el momento tan esperado se acerca. Comprendo perfectamente porqué se acelera mi corazón y sin embargo estoy tranquilo.
Ella está allí, sentada, esperando a que aparezca en cualquier momento. Llego tarde pero no me lo toma en cuenta. Me aproximo por su espalda, apoyada en el respaldo del banco sobre el que está sentada. Llamo su atención, se gira, se levanta y me sonríe. Convierto la escena en fotogramas, que sin dolor, se tatúan en mi retina, se marcan en mis latidos. Devuelvo complaciente la sonrisa. "¡Ahora es el momento!"-pienso; aunque preferiría que fuera mi destino el que lo decidiera, porque lo que de verdad quiero decirle, lo que de verdad quiero que sepa, es que ...

Quiero escribir su historia, mi historia ... Nuestra historia.



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Para Marta y para todos los que os sentís así ;)


martes, 29 de marzo de 2011

El patín dorado

La pista de hielo estaba vacía, en silencio y a oscuras. Podían escucharse las pinceladas de las cuchillas de unos patines cortando con delicadeza la fría superficie sobre la que se deslizaban. A ella le gustaba hacerlo así, sin nadie que la limitara en nada, con plena libertad y conociendo cada detalle de las dimensiones de la pista. Era la forma extrema para expresar al máximo su arte interior. Cada figura le permitía liberar sus más profundos sentimientos y sin embargo, ella notaba que le faltaba algo. Le faltaba la música. No podía sincronizarla desde allí abajo y aunque la tenía en la cabeza no era lo mismo. De repente cayó sobre la dura escarcha haciéndose más daño de lo habitual. Se quedó sentada, desanimada y pensativa.
La oscuridad en la que se encontraba sumida se vio iluminada por la repentina y misteriosa luz de un foco centrado sobre ella. Se incorporó, preparada para empezar de nuevo. Un precioso vestido negro con pequeñas lentejuelas, estilizaba todo su cuerpo y le hacía brillar de forma única sobre aquel pequeño firmamento estrellado. La música salió de su pensamiento y ahora podía oírla fuera de ella.
Fue así como comenzó su danza delicada, sincronizada, armoniosa y libre. Ninguna norma o ley dictaba sus movimientos. Cuando hubo terminado, el silencio se apresuró a recuperar el espacio que había perdido pero no del mismo modo la oscuridad. El foco la siguió iluminando al igual que lo hizo durante todo el baile. Fue aquí, en este instante en el que, concentrada sobre todos sus sentimientos percibió con fuertes golpes, cada latido intenso de su corazón. Allí, delante de ella, erguido y oculto en la oscuridad, justo en el borde límite con la luz, había alguien que la contemplaba.
No estaba angustiada, en absoluto, porque algo le decía que le conocía. Se acercó al borde que los separaba, clavó la punta dentada de la cuchilla de su patín derecho sobre el hielo y cerrando los ojos, aproximó lentamente sus labios sobre la oscuridad y el foco entonces, se apagó.

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Dedicado a M.

viernes, 11 de marzo de 2011

Lo que echo de menos en ti

Cuando abrí los ojos la encontré sentada en la vieja silla de madera junto al tocador. Pude ver cómo desenroscaba en una de sus largas piernas la primera media, con un inconsciente movimiento sensual. Aún no había amanecido y la débil luz de la lámpara de la mesilla dibujaba su perfil contra la pared y parte de su cuerpo en el reflejo del espejo. Sin levantar la mirada, continuó vistiendo su otra pierna - ya me marcho. No pensé que fueras a despertar tan pronto.
Sólo me limité a mirar. El viejo reloj despertador de agujas marcaba las 5.15 de la madrugada y yo permanecía sentado en la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero. - Sabes lo mucho que significas para mi - dijo casi para si misma - pero no podemos seguir viéndonos. No así. Nunca pensé que te querría tanto y - tragó con dificultad - aunque no tienes la culpa por cómo se han desarrollado las cosas, soy incapaz de aceptar que esta situación continue. Voy a salir por esa puerta y espero que no digas o hagas algo para impedírmelo.
Se incorporó, estiró con un pequeño gesto la falda para quitar las arrugas que se habían formado por estar sentada y cogío el bolsito de la mesilla sobre la que estaba la lámpara que, de forma débil, nos alumbraba. Se dirigió indecisa hacia la puerta, agarró el pomo, dejó a medio abrir la puerta de la habitación del Motel de carretera y con lágrimas en los ojos me lanzó un beso con la mano. Aceleró su paso, dándome la espalda y sin girarse cerró la puerta tras de si. Pasó por delante de varias puertas de otras habitaciones y no pudo evitar, a pesar del paso vivo con el que se dirigía a las escaleras que la llevarían a la zona del aparcamiento, pensar en cada una de las posibles historias que tras cada habitación habría.
Ya situada al lado de la puerta del coche, con mano temblorosa, buscó impaciente las llaves para abrir y entrar en su interior. - Por fin las encontré - pensó sintiendo en su cuello las fuertes pulsaciones. Se sentó tras el volante, depositó el bolso sobre el asiento del acompañante y por un momento, sintió que se relajaba. Breves instantes después introdujo la llave en el contacto y arrancó el motor.

Llevaría aproximadamente una hora conduciendo, por una carretera secundaria, a oscuras salvo las zonas que los faros encendidos del coche podían iluminar. Los puntos de luz del cielo nocturno brillaban menos que cualquier sentimiento que en ese momento fluía de su interior. Detuvo el vehículo a un lado, en la cuneta, bajó de él, cerró la puerta y se apoyo contra la parte delantera del mismo, en el capó y la rejilla del radiador. Perdió la noción del tiempo contemplando tanta belleza en el cielo nocturno. Las lágrimas brotaron desbordadas sobre sus mejillas y aquel espantoso dolor estrangulaba su pecho. Fue al interior del coche para buscar el bolso. En su interior encontró los pañuelos de papel para secar sus ojos. Brillaban a pesar de la oscuridad y cuál fue su sorpresa cuando se percató que en su interior había también un sobre. Lo sacó junto a un pañuelo y lo revisó por fuera. Escrito a mano leyó "Lo que echaré de menos". Abrió el sobre y de su interior sacó una carta, también escrita a mano. Era su letra, la de él.
Encendió las luces de posición para tener algo de luz para leer, de nuevo apoyada, en la parte frontal del coche. Al igual que antes, con lágrimas en los ojos pero con una emotiva sonrisa que se dibujaba en su boca a medida que la leía, una vez hubo terminado su lectura, agarró con fuerza la carta con sus dos manos y arrugándola la abrazó con toda su fuerza sobre su pecho. Observó el cielo antes de emprender de nuevo la marcha y ahora sí pudo ver estrellas que parpadeaban de forma intensa con un fondo rojizo anaranjado de aquel nuevo amanecer.
Adiós, siempre te querré - dijo en alto antes de aflojar sus manos para soltar la carta.
Una suave brisa sopló alejando de ella la hoja de papel.
Entró en el coche, echó el respaldo del asiento hacia atrás para recostarse en él y encendió la radio. Era Katie cantando y, escuchándola, dejó navegando sus sentimientos en lo más profundo del corazón mientras disfrutaba de aquel lento amanecer entre montañas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Crónicas del Tiempo - "Las Nornas" del Destino

Elena podía oír los fuertes latidos de su corazón junto con su respiración irregular. Todo estaba oscuro a su alrededor, por lo que decidió cerrar los ojos para centrar más su interés en otros sentidos. Lo primero que pudo diferenciar entre el aparente silencio, fue un goteo inicial en lo que parecía estar a la izquierda. Se giró y el goteo parecía seguirla sobre su propio movimiento. Un segundo goteo se añadió a la creciente desesperación que empezaba a brotar como sentimiento desde lo más profundo de ella. Dos goteos, incesantes, constantes y desquiciantes, todo al mismo tiempo. Un todo. Un chasquido. Elena pudo oír un chasquido, junto al que ora era el primer goteo ora era el segundo para volver inmediatamente al primero. Otro chasquido. Goteo, chasquido. Un gemido susurrado y el terror creciente añadido a la locura más humana nunca antes conocida. Extendió sus brazos mientras giraba, tratando de alcanzar algo, palpar alguna superficie, pero nada. Anduvo sin saber hacia dónde y sin tiempo. Estaba atrapada en una nada que poseía todo. Otro goteo y no palpaba nada. Vueltas y vueltas en el infinito terror en el que estaba atrapada. Quién o quiénes habían urdido tales artimañas para encerrarla allí, si es que realmente estaba encerrada. Cada vez oía más cosas a su alrededor, si es que en realidad estaba girando y no veía ni palpaba nada. Fue entonces cuando, a punto de dejarse caer sobre un posible suelo, la voz dulce de una mujer acalló cualquier otro ruído que antes invadiera aquel inapacible extraño lugar.
- "Dime niña, ¿qué quieres saber?, que no sea ni lo que va delante ni lo que va después".
¿Un acertijo quizás?, pensó Elena. La cabeza aún le daba vueltas. Se sentía mareada, con ganas de vomitar. No, no tenía gana alguna de contestar ni a esa voz ni a nadie, simplemente quería regresar a casa - Si te lo digo ¿qué lograré a cambio? -
La voz de la mujer reincidió en la pregunta y en sus palabras, Elena, no percibió alteración de tono alguno. -De acuerdo,- Elena pensaba lo más rápido que podía, sin saber realmente por qué, pues a ella no le habían puesto un tiempo. ¡Claro, ya está! - se dijo para si misma. Aquella voz de mujer hacía referencia al "Presente". Elena no dudo ni un instante en formular la pregunta - "¿Dónde estoy?" y fue cuando otra dulce voz de mujer, distinta a la primera dijo "pues lo que ya fue formó parte del ahora y también al revés". Elena no entendía nada, no le habían respondido. Sin embargo no tuvo duda alguna de que la voz que le hablaba se refería al Pasado. A la primera voz le formuló la pregunta adecuada y esta vez debía averiguar qué decir que le proporcionase la respuesta siguiente a su pregunta. "Vine de fuera", respondió Elena y una tercera voz, severa y rotunda intervino con "Y lo siguiente estará por llegar. Sólo tienes que sentarte y saber esperar". ¿A qué tenía que esperar? y ¿sentarse sobre dónde?. No entendía nada pero no tenía otra opción. Se dispuso a sentarse cuando empezó a caer y caer y caer, como si fuera infinito. Fue entonces cuando sintió que tenía que abrir los ojos. Nada estaba oscuro pero tampoco era mejor. Estaba dentro de un tunel cuyas paredes estaban formadas por una espiral tridimensional que giraban en sentido contrario a ella. Cada vez había más y más luz y sintiéndose completamente mareada por mirar fijamente la espiral, sin quererlo, a consecuencia del mareo, se atrevió a mirar hacia abajo y su pánico fue acallado cuando impactó contra una gigantesca membrana elástica que la impulsó hacia arriba, de donde supuestamente venía, a una velocidad inconcebible para el ser humano. Elena desapareció. En aquel plano cósmico ya no estaba. Había desaparecido, pero ¿adónde o a cuándo?.
El túnel de espiral se cerró y la oscuridad volvió a reinar en aquel sitio en el que Elena había derrotado, sin saberlo, a las Tres Hermanas del Destino.

lunes, 11 de octubre de 2010

Crónicas del Tiempo - Caronte

Los primero rayos de sol despuntaron en la casa de Elena y el nerviosismo por el que estaba invadida desde hacía mucho rato era patente en el temblor de sus manos. Sujetó el bote opaco y se lo acercó. Estaba muy frío a pesar de no haber estado en contacto con bajas temperaturas. Se dispuso a abrirlo entre una fuerte curiosidad y a la vez un creciente pánico a lo desconocido. Cuando la tapa dejó desprotegido el interior del objeto, un extraño hedor brotó de su interior y Elena no se pudo contener. Apartó el miedo, lo dominó, disponiéndose a mirar dentro. Lo hizo, pero no había nada. La decepción hubiera sido enorme de no ser porque al poco de mirar, un sorprendente movimiento surgió desde aquella oscuridad interna. ¿cómo podía verlo si estaba tan oscuro?. Fuera lo que fuera que se moviera allí dentro, de repente, saltó sobre una de sus manos. Elena profirió un grito tan gutural e intenso desde las mismísimas entrañas de su cuerpo que se pudo oír en todos los rincones del pueblo. Aquella cosa viscosa tiraba de ella hacia el interior del bote y a pesar de la resistencia impuesta, ella empezó a disminuir en tamaño para ser absorbida por el extraño ser que albergaba el interior del bote.
Elena estaba angustiada, asustada, le faltaba aire ... Elena, no podía respirar y todo quedó oscuro para ella ...

....

Diana vomitó barro en varias ocasiones. No recordaba nada anterior a cuando se estaba ahogando. Algo tiraba de ella hacia el fondo y aunque luchó por evitarlo finalmente tuvo que ceder. Tras revisar que no había sufrido daños físicos aparentes empezó a mirar a su alrededor con el fin de averiguar dónde estaba. La ropa que vestía estaba sucia, harapienta y su pelo húmedo enredado entre algunas algas.
Hizo un rápido análisis de la situación y comprobó que estaba encerrada en una especie de pequeña sala circular sin paredes. El círculo del suelo emitía una ténue luz que iluminaba lo suficiente para saber que más allá del círculo no había nada. Invadida por el brote de un ataque de nervios inició el paso hacia un punto indeterminado, ya que al ser un círculo el destino, probablemente, sería infinito. La situación se complicó aún más cuando al dar unos pocos pasos, la superficie empezó a inclinarse frente a ella hacia abajo. Tuvo que retroceder de espaldas, lentamente, unos pasos, deshaciendo el camino que había hecho. Provocó así el proceso inverso, ahora el suelo se inclinaba hacia su espalda. Fue entonces cuando Diana se percató de que estaba sobre una plataforma circular sujeta a una base vertical. Sabía que si daba un paso más allá del límite de inclinación, ella caería en lo profundo del vacío oscuro por el que estaba rodeada ...

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sábado, 9 de octubre de 2010

Crónicas del Tiempo - Religare

En el interior de su cabeza se agolparon cientos de pensamientos simultáneos. Diana se hundía en las profundidades del mar sin poder hacer nada. Todos sus esfuerzos eran inútiles y el fin llegaría pronto. Se ahogaría y la oscuridad pasaría a ser parte de una alianza forzada en el acto, sin opción a decidir. Las fuerzas empezaban a fallar y el momento de abrir la boca estaba cerca. Debía aguantar un poco más, tan solo unos instantes para seguir creyendo que la esperanza humana, en verdad, es lo último que se pierde. Diana no aguantó más y el agua conquistó sus pulmones pero ...

Diana no sabe que ya forma parte de esta historia.
...

Rebeca despertó tosiendo, tumbada sobre el suelo, hacia abajo, junto al corcel que decoraba el Mustang que la había llevado hasta allí, Death Valley. Cómo había llegado, para ella era una incógnita. Se incorporó, abrió la puerta del coche y comprobó que estaba sola y que el vehículo no tenía gasolina. Cogió la mochila que había en su interior y caminó sin rumbo desubicada por el mareo en su cabeza. Desconocía cuánto tiempo tardaría en encontrar algún lugar con vida por lo que desechó la idea de pensar mucho en ello. Tras dos largas horas de caminata la sed empezó a llamar al conjunto de sensaciones que gobernaban con más y más fuerza su desdicha y ... se detuvo en seco. Los ojos desorbitados horrorizaron lo que frente a ella se había cruzado ...

Rebeca aún no tiene indicios para saber que ya forma parte de esta historia.

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(Continuará)

jueves, 7 de octubre de 2010

Crónicas del Tiempo - Despedida

Oteando el horizonte aprecio las últimas tonalidades naranjas que pinta la luz del atardecer en el cielo. Frente a la tumba de Gema, en silencio, converso mentalmente con ella. Nadie sabe, ni sabrá, cómo la conocí pero sí sabrán cómo la encontré. No llegué a tiempo para evitarlo. Él había huído. Cogí su cuerpo inerte sobre mis brazos y la enterré justo en el lugar donde me hizo prometer, sellando mis labios, que nunca contaría su secreto. Deposité su cuerpo en el hueco creyendo que, antes de echar la tierra sepultadora sobre ella, volvería a la vida sonriendo, abrazando mi cuello.
He vuelto a contarle lo que quise decirle en vida; es tarde, fui un cobarde.
- Gema - se me hace un nudo en la garganta mientras digo esto en alto - te echo de menos. Me voy y no sé si cuando regrese seguirás aquí. Te echo tanto de menos. - Tomo aire para dar fin a esa angustia que me asfixia - me voy lejos. Adiós.
Deposito unas flores sobre el montículo de tierra y beso con delicadeza su nombre, que reza sobre su lápida de piedra.
Mis pasos se pierden en el camino y Gema llora.
Mis pasos se pierden en el camino y Gema sabe que no está sola

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Un coche viejo y blanco acaba de aparcar frente a una casa en un pueblo de la montaña. "Alguien", a quien no se le puede distinguir bien entre la bruma de la mañana, llama a la puerta con la más absoluta discreción. Una joven, llamada Elena, sale a recibirle y le es entregado en mano un extraño bote opaco con algo dentro. No podrá abrirlo hasta que se haga de día y mientras, Elena, se queda sentada en el sofá observando con impaciencia el bote, creyendo que así descifrará lo que contiene dentro. Elena aún no sabe que ya está atrapada en esta historia.

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El interfono de un piso situado en la Gran Ciudad suena insistente a las 5.30 de la mañana. Susana se levanta casi dormida de la cama y desorientada se dirige al aparato para preguntar quién es. Una voz, que le resulta familiar, le habla en un susurro por el auricular. Ella pulsa el interruptor y le indica que suba. Abre la puerta y recibe de "Alguien" que se oculta entre las sombras, un marco con una foto dentro por el lado en blanco. No podrá sacarla del mismo para darle la vuelta y verla hasta que se haga de día. Mientras, Susana, sentada en el sofá, se queda observando una imagen blanca tratando de descifrar cuál es su secreto. Susana no sabe que ya ha entrado en el juego de esta historia.

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